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Núria Argany te ofrece la posibilidad de conectar con tu esencia, lo que verdaderamente eres, haciéndote consciente de tu personaje, reconociendo tus proyecciones y resistencias a través de técnicas-terapias corporales, psicológicas y energéticas, recobrando el equilibrio, la armonía y la paz interior.

Núria Argany se ha formado a través de:

Seitai, Meditación Zen, Psicología, Terapias Naturales y Energéticas, Preparación al Parto Consciente, Ito-Termi, Sueños, Oligoelementos, Dietética, Formas-Pensamientos, Regresiones, RMF-Balacing, Tachyon, Ataraxia, Curación Cuántica, y Reconnective Healing.



miércoles, 25 de enero de 2017

Siempre doy y sin embargo no recibo nada a cambio...



La mayoría de las veces, nosotros confundimos el Amor con la necesidad de amor, con la necesidad de ser aceptados y amados. Creemos realmente que amamos, pero en realidad sólo ofrecemos nuestro amor como ofreceríamos un objeto, esperando a cambio los debidos agradecimientos, por una respuesta de amor tan esperada.

Cuántas veces hemos oído decir la frase: “Siempre doy y sin embargo no recibo nada a cambio”.

Si este es nuestro caso, tal vez no sea agradable reconocerlo, pero nos sería beneficioso darnos cuenta de que nuestro don no era un acto de amor sin condición, sino un acto por una necesidad de reconocimiento, una demanda de amor disfrazada.

Al reconocer esto, nos damos cuenta sin duda de que necesitamos urgentemente hacer inclinar la balanza del otro lado, del lado de la meditación, a fin de volver a encontrar en NOSOTROS este reconocimiento del amor hacia nuestro niño interior. Cuando tenemos una experiencia supuestamente injusta, eso nos muestra que somos injustos en la manera en que sólo hacíamos inclinar la balanza hacia un lado, pensando tanto en el mundo, y olvidando de amarnos a nosotros mismos. Sin embargo, no podemos amar al otro si nunca nos hemos amado a nosotros mismos. Esta es una ley que no podremos eludir.

Así pues, el amor incondicional es en primer lugar la ley del equilibrio entre el dar y el recibir, entre saber meditar y reconocer en nosotros el estado de conciencia de la no-separación, y saber luego compartir este estado con el mundo.

Compartir el Amor, o el estado de no-separación, no significa mantener la separación en los demás. Debemos comprender bien este punto: el amor lo acepta todo, acepta ver aquél que se atreve a atravesar su ilusión de aislamiento porque sabe que al fin está de regreso hacia sí mismo, y que a partir de entonces podrá empezar amarse verdaderamente y por tanto a amar al mundo.

Entonces, cuando empecemos a experimentar el “Amor Uno” en nosotros, es posible que nos topemos en el mundo con personas que inevitablemente a través de nuestro espejo y por nuestra irradiación, se encontrarán ante su propio aislamiento, ¡y esto no les gustará nada!

Podremos entonces observar toda clase de resistencias, siendo la más visible la resistencia a mirar en uno mismo y proyectar en consecuencia juicios hacia el exterior, recordemos que:

Todo juicio hacia el otro es una proyección de un juicio hacia uno mismo que no queremos reconocer.

Cualquier frase que empiece con “Creo que eres…” o “Creo que deberías…” es una manifestación que nos muestra que hay un rechazo a reconocer un juicio hacia uno mismo.

Estos espejos son pues espejos de una reacción mental a permanecer en el amor. En esta fase, la vida nos cuestionará una y otra vez, hasta que estemos en una fuerza de amor tal que seremos liberados de cualquier reacción mental y sobre todo de cualquier voluntad insistente y combativa en querer cambiar al otro.

La libertad es la primera manifestación que nos mostrará que estamos verdaderamente en el amor. Así, cuando realmente podamos experimentar que ya no reaccionamos ante las “debilidades o juicios de los demás” y podamos dejarles verdaderamente libres de tener sus experiencias, incluso la del aislamiento, entonces tendremos un punto de referencia muy concreto y nuestra vida empezará a cambiar muy rápidamente.

Dejar al otro libre se volverá una costumbre muy útil que nos recordará que estamos bien centrados, ya que dejando al otro libre estaremos en la aceptación y en el no-juicio. Dejaremos de tener expectativas y no proyectaremos más nuestras propias sombras sobre el mundo.

Esta simple actitud de permanecer totalmente imparcial ante lo que hace, dice o piensa el otro basta para mantenernos en el Amor. ¿Nos podemos imaginar, si cada uno se contentara únicamente con transformar este aspecto en su vida, si cada uno dejara simplemente que el otro sea tal como es y que evolucione a su propio ritmo, con sus propias elecciones?

Esta sola actitud bastaría para parar todas las guerras, todos los conflictos de poder, porque cada uno llevaría su mirada hacia lo que desea mejorar de sí mismo, sabiendo que con su propia mejoría contribuirá a mejorar las condiciones de vida sobre la Tierra.

Es aconsejable, en este punto, dirigir nuestra mirada hacia todos aquellos que veis que se transforman y se liberan, en vez de seguir alimentando lo que no funciona o “se queda atrás”. Recordad siempre que nuestro pensamiento y aquello hacia lo que enfocamos nuestra atención, es inmediatamente alimentado y reforzado. Entonces, en vez de alimentar los egrégores ya desbordantes de pensamientos negativos limitadores y fatalistas, elegid alimentar los que aportan luz y paz, esperanza y alegría.

Nuestro respeto hacia los que “avanzan más lentamente que nosotros” es necesario, para que también ellos puedan liberarse y unirse al mundo de paz que viene.

El Amor Incondicional no es una decisión “en el aire”, sino una continua vigilancia de nuestra no-reacción ante lo que no gusta a nuestro Ego.

Así, no juzguemos nuestras reacciones, simplemente observemos y regocijémonos por ese desapego progresivo que se produce cuando somos capaces de observarnos. 

Ser libres y dejar libre al otro nos aliviará considerablemente, ya que no hemos parado de cargar con las desgracias ajenas creyendo que estábamos sobre esta Tierra para liberarlos. Con frecuencia nos hemos ocupado de los demás por miedo a descubrir, al mirar dentro de nosotros, la misma miseria, el mismo desaliento, la misma sensación de abandono o de separación.

Ha llegado el momento de ocuparnos de nosotros, les guste o no a los que nos rodean o nos haga o no perder nuestra imagen de marca, porque a menos que nos liberemos nosotros mismos de nuestros fardos inútiles, ¡la humanidad no avanzará nada!

¿Nos animamos a dar este paso diferente?

Hay un cuento zen que considero muy descriptivo sobre la búsqueda del propio espíritu y la vuelta al mercado, a la vida, a la entrega.

  

“El buey y el boyero”. Cuento zen sobre el zen

El buey y el boyero. La filosofía zen en imágenes. La búsqueda del propio espíritu, representado por un buey. Edición, R. Arola y L. Vert

“El buey y el boyero”, texto ilustrado atribuido al monje Shübun (1432-1460) quien, según los especialistas, se habría inspirado en otra versión más antigua del maestro Guo’an Shiyuan. Los textos, tanto en prosa como en verso, se deben a Zekkai Chushin (1336-1405), abad del monasterio de Shokoku-ji de Kioto donde aún se guardan los dibujos originales.



1. La búsqueda del buey. Cuando salió en busca del buey, que nunca estuvo perdido, el boyero se alejó de sí mismo y acabó extraviado en lugares desconocidos. “En un yermo infinito, el boyero camina sólo entre las hierbas en busca de su buey”.
2. Encontrar las huellas. Después de escuchar la enseñanza, el boyero ha aprendido parte de la verdad. Ha encontrado las huellas. “Las huellas del buey están agrupadas aquí y allá, bajo los árboles a la orilla del agua”.

3. La visión del buey. El boyero, tras escuchar el bramido, ve al buey de repente y al contemplarlo se percibe a sí mismo. “El canto del ruiseñor se estremece en la copa de los árboles…Ya no existe un lugar donde el buey pueda esconderse”.
4. Capturar al buey. Por primera vez el boyero se topa con el buey que estaba oculto en el yermo. Pero el buey se siente bien allí y el boyero deberá domarlo para conducirlo al establo. “El boyero, tras muchos esfuerzos, ha capturado al buey. Ni por momento debe soltar las riendas”.

5. Domar al buey. Ningún pensamiento debe enturbiar la mente del boyero, sin vacilación ha de sostener las riendas. “El boyero no debe dejar ni por un momento el látigo o las riendas, pues, de otro, modo el buey saldría de estampida levantando una nube de polvo”.
6. El retorno montado sobre el buey. El combate ha terminado. El boyero toca la flauta y canta montado sobre el buey que camina ya sin riendas. “El boyero conduce al buey al establo, lenta y delicadamente”

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7. Desaparece el buey y sólo queda el boyero. La dualidad ha desaparecido, el buey sólo era el anzuelo para alcanzar el secreto. “El boyero ha vuelto a casa con el buey. Ya no hay ningún buey. El boyero se sienta sin hacer nada”.
8. Olvido del buey y el boyero. Los deseos han sido olvidados y el significado de la santidad se ha quedado vacío. “Lo sagrado y lo profano han desaparecido, el camino se termina sin dejar rastro”.

9. Regreso al origen. Desde el principio era puro. Sentado contempla el cambio de las cosas. “Con el regreso al fondo, al origen, el boyero lo ha completado todo”.
10. Vuelta al mercado. La puerta de la cabaña nadie podría descubrirla, está sepultada al igual que su naturaleza iluminada. A veces pasea por el mercado o visita las tabernas para hacer que los borrachos despierten a sí mismos.“Entra en el mercado descalzo y con el pecho descubierto… Sin tener que humillarse obrando prodigios, de pronto hace florecer árboles marchitos”.


Ejercicio de Centramiento y Meditación.











viernes, 20 de enero de 2017

¿Qué es el amor incondicional?





En primer lugar, es necesario ser conscientes de que el Amor incondicional no existe en el mundo de la mente pensante, simplemente porque la mente pensante piensa, cree y reflexiona. Esto es un mundo en sí, mientras que el Amor se sitúa más allá del razonamiento y de la creencia.

El Amor es un mundo que experimentamos cuando dejamos de pensar y de creer. No puede ser de otra manera. No podemos decir que estamos tomando un baño quedándonos fuera del agua. Estando fuera del agua podemos a lo sumo pensar en la estructura del agua, en su composición, podemos imaginar la sensación que nos procuraría si estuviéramos dentro, pero esto sólo es una imaginación que sin lugar a dudas nos separa de la experiencia misma.

Por lo tanto no existe ningún otro medio de vivir el estado de amor incondicional que el de dejar de pensar en él y ¡vivirlo!

Podemos describir lo que significa el amor, lo que no es amor, en qué podemos reconocer si estamos o no en el amor, ¡pero esto no nos será de ninguna utilidad si nosotros mismos no elegimos saltar, en este preciso instante!

También podemos “prepararnos” para este salto, asegurarnos de que no hay ningún peligro, convencernos de que sabremos nadar y así sucesivamente, pero tarde o temprano el acto de saltar será necesario. “Vivir el Amor” empieza por una elección, una decisión, nos plantea si verdaderamente deseamos ver cumplido y realizado el objetivo hacia el que os conduce, nos pide ser valientes y abandonar nuestras dudas e indecisiones.

Este salto al Amor nos da miedo, porque nos confronta con nuestra soledad existencial. Debemos hacerlo solos y aquí sabemos que la creencia en un salvador ya no tiene ningún efecto de seudo-serenidad. El salvador somos nosotros, nuestro YO SOY; somos los únicos en poder decir YO SOY. Por lo tanto, somos llevados a tener la experiencia consciente de la soledad.

Así, es necesario definir con claridad lo que significa la soledad a fin de no incurrir en una pseudo-experiencia de amor. Si creemos que la soledad es igual al aislamiento, nunca nos atreveremos a dar el salto, ya que el aislamiento es la negación del amor, la negación de la vida, y nuestra alma sólo tiene un único y profundo deseo: sanarnos de la ilusión del aislamiento en el que nos hemos perdido al tomar un cuerpo de carne.

Es bueno, por lo tanto, no confundir el aislamiento con la soledad. El aislamiento es la consecuencia del niño enojado que hay en nosotros, porque no se siente comprendido, ni amado, ni aceptado; se siente aislado en una prisión oscura en la que se cree abandonado. El aislamiento es una elección que hacemos únicamente para reconocer que nosotros, y solo nosotros, estamos inmersos en esta experiencia, y por lo tanto, nadie más que nosotros mismos nos liberará. El aislamiento nos enseña que somos los únicos capaces de elegir nuestra experiencia y que la experiencia de la prisión no es más que una consecuencia de esta elección.

La prisión del aislamiento es nuestra manera de empujarnos hasta nuestros límites con el fin de descubrir que esta manera de vivir no nos corresponde. Existen personas que creen que esta experiencia de sufrimiento y aislamiento es necesaria para liberarse de su prisión.

Como sabemos ahora que todo aquello en lo que creemos se manifiesta inevitablemente en nuestra experiencia, sería bueno preguntarnos si también hemos decidido que esta creencia es verdad para nosotros. ¿Creemos que para evolucionar debemos pasar aún mucho tiempo en nuestra prisión, aislados y abandonados? ¿Creemos que la evolución sólo es posible por la vía del sufrimiento?

Ciertamente si tomamos esta elección, no damos pruebas de amor incondicional hacia nosotros mismos. El amor es una experiencia de unión y no de aislamiento.

¿Qué es la soledad?

La soledad es la experiencia de bastarse a sí mismo.

Donde quiera que nos encontremos, si estamos en el amor verdadero hacia nosotros mismos, experimentaremos la soledad y el estado de no-separación. La soledad es la experiencia de estar sin expectativa ninguna, de ser fieles a quienes somos, tal como somos, no dependiendo de nadie, no esperando nada de nadie, ni esperando un cambio de situación, sea cual sea. La soledad es el hecho de estar presente, con nosotros, en nosotros, conscientes de quiénes somos y conscientes de nuestras películas, conscientes de que nada exterior existe si no es en tanto que espejo, un reflejo de nuestra propia consciencia.

La soledad es lo que podríamos llamar: un pasaje obligado para atreverse al abandono al amor verdadero, ya que no aceptaremos la soledad a menos que reconozcamos que todo viene de nosotros mismos y que somos responsables de nuestra vida.

Hay dos movimientos esenciales que sin cesar tienden a equilibrarse para mostrarnos quiénes somos: uno es la meditación, la vuelta a la soledad y a la experiencia del ser único que nos anima, y el otro es el amor, la experiencia de la proyección de nuestra luz en el mundo manifestado el cual nos devuelve, por el juego de espejos, la experiencia del regreso a la fusión de la unidad de todo y de todos los seres.

Estos dos movimientos son los dos movimientos originales femenino y masculino, que tienden en la actualidad a reconciliarse y a reunirse a fin de crear lo que algunos llaman el Reino de Dios en la Tierra o la Edad de Oro, o también el Reino de Shambhala.

Algunos de nosotros nos esforzamos por volver a encontrar este estado de amor únicamente por uno de los movimientos: el movimiento exterior; amar hacia afuera, y descuidan el movimiento inverso de regreso al interior y a la soledad por la meditación. Creemos que volver al interior es un acto egocéntrico, pero en realidad esto es otra astucia de la mente sobre todo para no reconocer que se han aislado profundamente. Son momentos de dejar crecer este movimiento hacia el interior para podernos dar cuenta de que, a menos que hayamos atravesado la ilusión del aislamiento, no podemos amar de verdad.

Para amar, tenemos que tener la experiencia de la soledad, pues solamente en ella podremos descubrir nuestro amor hacia nosotros mismos, nuestra no-separación de Dios y del mundo espiritual del que procedemos.

Ningún libro sabría aportarnos esta experiencia, sólo podemos elegir conscientemente entrar en nosotros y acercarnos a nuestro Silencio profundo, a nuestra Fuente.

Cuando en este Silencio volvamos a ser pura conciencia amorosa y radiante luz, entonces estaremos preparados, realmente preparados para compartir este amor y esta presencia de manera auténtica.

POEMA DE AMOR PARA EL QUE YO SOY

Fuente de vida, perla de amor,
Siento tu aliento en mi corazón.
Siento el canto del infinito
Llenar mi alma, ESTOY AQUÍ.
Soy esa fuente, soy esa vida,
Soy el amor del alba que viene.
En la presencia de este instante
Yo te siento, mi corazón de infante
Yo te siento, mi dulce amante.
El que brilla, el que da, libera de las ilusiones del tiempo.
Mi corazón, te amo, te siento, tu paz me llena,
Te amo mi vida.
                                      Maestro El Morya




Ejercicio de centramiento y Meditación.


jueves, 22 de diciembre de 2016

Navidad y el segundo nacimiento



Existen cuatro fiestas cardinales: Navidad, Pascua, la fiesta de San Juan y la de San Miguel, no es por casualidad o porque algunos religiosos hayan considerado conveniente instituirlas, sino porque corresponden a fenómenos cósmicos. En el transcurso del año, el sol pasa por cuatro puntos cardinales (equinoccio de primavera, solsticio de verano, equinoccio de otoño y solsticio de invierno), y durante estos cuatro períodos se producen en la naturaleza gran afluencia y circulación de energías que ejercen influencia sobre la tierra y sobre todos los seres que la pueblan: las plantas, los animales, los humanos…

La tradición cristiana relata que Jesús nació el 25 de diciembre, a medianoche. En dicho día, el sol acaba de entrar en la constelación de Capricornio. Simbólicamente, Capricornio está relacionado con las montañas, con las grutas, y es precisamente en la oscuridad de una gruta donde puede nacer el Niño Jesús. Durante el resto del año la naturaleza y el hombre han desarrollado una gran actividad, pero cuando se acerca el invierno muchos trabajos se paralizan, los días menguan, las noches se alargan; es el momento de la meditación, del recogimiento, lo cual le permite al hombre penetrar en las profundidades de su ser y elaborar las condiciones para el nacimiento del Niño.


Dejemos a un lado la cuestión de saber si Jesús nació verdaderamente el 25 de Diciembre, a medianoche. Lo que nos interesa es que en esta fecha tiene lugar en la naturaleza el nacimiento del principio crístico, de esta luz y de este calor que van a transformarlo todo. Durante este período, en el Cielo también se celebra esta fiesta: los Ángeles cantan y todos los Santos, los grandes Maestros y los Iniciados se reúnen para orar, para dar gloria al Eterno y festejar el nacimiento de Cristo, que nace realmente en el universo.
 
¿Y durante este tiempo, nosotros qué hacemos? ¿Cómo festejamos el nacimiento de Jesús?

Nosotros sabemos que en la noche de Navidad, Cristo nace en el mundo en forma de luz, de calor y de vida, y nos preparamos  para que este Niño divino nazca también en nosotros. ¿Lo hacemos o nos dedicamos solamente a celebrarlo externamente? ¿Somos conscientes del milagro cósmico?: es la primera manifestación de vida en la naturaleza, el principio de todas las manifestaciones. Luego, este nacimiento es un acontecimiento místico, es decir, que Cristo debe nacer en cada alma humana como principio de luz y de amor divino. Eso es el nacimiento de Jesús, y en tanto el hombre no posea la luz y el amor, el Niño Jesús no puede nacer en él. Puede celebrarlo, puede esperarlo…, pero nada va a ocurrir.

El nacimiento de Cristo es un acontecimiento que se produce cada año en el universo y así sucede en cada instante, Cristo puede nacer también en nosotros.

¿Cómo trabajamos para hacer nacer el Niño Jesús en nosotros? ¿Qué hemos preparado este año para celebrar el acontecimiento? 

¿Os acordáis de las palabras de Jesús a Nicodemo? “En verdad, en verdad te digo, si un hombre no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios” y este dijo ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer? Respondió Jesús: “En verdad, en verdad te digo que si un hombre no nace del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te asombres de lo que te he dicho: ES PRECISO QUE NAZCÁIS DE NUEVO. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; lo mismo sucede con todo hombre nacido del Espíritu”.

En el lenguaje de los símbolos, el agua representa la materia primordial y el fuego representa el espíritu.

El agua y el fuego son la materia y el espíritu; son también, la mujer y el hombre, los dos principios masculino y femenino que deben unirse para producir un tercer principio: la energía del hijo. Son también el lado emisor y el lado receptivo de su ser.

Si buscamos las correspondencias en el mundo divino, el fuego representa la sabiduría y el agua el amor. El amor y la sabiduría producen la verdad. La verdad es su hijo. La verdad es el Niño Jesús que nace, es decir, una conciencia nueva.



¿Qué hay que entender por segundo nacimiento? El segundo nacimiento es eso: poder entrar y vivir en un universo de otra dimensión.

Cuando el alma y el espíritu se unen dan a luz un germen que se desarrolla como una conciencia nueva. Esta conciencia nueva se manifiesta como una luz interior que expulsa las tinieblas, como un calor tan intenso que aunque el mundo entero os abandone nunca os sentís solos, como una vida abundante que hacéis brotar por doquiera que os lleven vuestros pies, como una afluencia de energía que consagráis a la edificación y a la construcción del Reino de Dios, como una alegría extraordinaria de sentirse conectado con todo el universo, con todas las almas evolucionadas, de formar parte de esta inmensidad…, y la certeza de que nadie puede quitaros esta alegría. En la India, este estado se llama conciencia búdica; y los cristianos lo llaman el nacimiento de Cristo.

El segundo nacimiento es el nacimiento en el mundo divino, y esta vez es el propio hombre el que decide nacer y el que lo hace gracias a sus propios esfuerzos. En este nacimiento, vosotros sois los responsables, los que decidís nacer en el mundo de la luz. Conscientemente, pacientemente, inteligentemente, os modeláis otro cuerpo para nacer en el Reino de Dios.

El segundo nacimiento es el nacimiento de Jesús, pero el nacimiento de Jesús es también vuestro nacimiento. La madre es el agua, es decir, el amor, la pureza, la vida; y el padre es el fuego, la luz, el espíritu. Si no poseéis estos dos principios: el amor, que es el principio femenino, y la sabiduría, que es el principio masculino, no podéis nacer por segunda vez.

Habéis nacido ya una vez, ciertamente, pero todavía no habéis nacido del amor y la sabiduría. Para nacer por segunda vez en forma de Niño Jesús, son precisos un padre y una madre más elevados, más evolucionados que el padre y la madre físicos: son precisos el amor y la sabiduría, y el niño que nazca será la verdad, la plenitud de vida, lo que es real y verídico.

Ahora, sólo os resta pedir a las entidades celestiales que están ahí, que os escuchen, que os visiten, que os ayuden a realizar este plan gigantesco: el nacimiento de lo divino en vosotros. Después, cada día deberéis continuar aportando los materiales, cuidando de que sean puros, armoniosos, y en cuanto algo no esté a punto deberéis limpiarlo, repararlo o eliminarlo. Las dificultades del trabajo interior no son muy diferentes de las del trabajo físico: siempre hay algunas salpicaduras, algunas manchas… Pero si os vigiláis, si continuáis trabajando con los instrumentos que Dios os ha dado: el intelecto, el corazón, la voluntad, y si cuando os dais cuenta de algo se tuerce un poco, lo enderezáis pacientemente, sin forzar las cosas, con prudencia, cada día os traerá sus bendiciones, sus luces, y la vida se volverá extraordinaria, llena de alegría, de esperanza y de amor, simplemente porque hacéis el trabajo que habéis venido hacer. Preparando el nuevo nacimiento, renaciendo de nuevo a la luz y al amor.



                    
 Algunos comentarios han sido extraídos del libro “Navidad y Pascua en la tradición iniciática” de Omraam Mikhael Aïvanhov.

 

¿Qué es la navidad?
¿Qué estará pasando Mamá?, no entiendo nada,
es Navidad y todos esperando regalos y a Santa Claus,
¿por qué buscan el mejor vestido y el abrigo?, ¿el más elegante reloj y pantalón?,
¿El peinado adecuado y el perfume más caro?

¿Mamá, no saben que es la Navidad?
¿Por qué no adoran a Dios de Amor y de la verdad?
¿Que no saben que hoy nació?
Que no necesita regalos caros si no
un corazón lleno de amor.

¿En dónde se perdió la Navidad?
¿Quién se la llevo? ¿Y en dónde el dejo?,
¿Por qué muy pocos saben que hoy nació nuestro salvador?
Quizás olvidaron que él murió por amor
o es quizás que ya olvidaron que es el amor.

¿Por qué comprar lujos en Navidad?,
mientras tienes un corazón lleno de soledad,
el no te pide oro ni plata, ni ropa ni alhajas,
él te pide que lo visites en su casa.

Hoy es Navidad, invítalo a pasar,
prepárale un banquete donde él sea el invitado especial,
abre tu corazón y dale todo tu amor


Feliz Navidad!!!
 Colaboración de María L

Ejercicio de Centramiento y Meditación en busca del niño en nuestro interior.